Alerta: Necesitamos Actuar!

31 05 2011

2 Pedro 3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Estoy seguro que durante muchos años en tu vida has escuchado sobre la venida de Cristo y lo cercana que está. Sin embargo, vemos como los años pasan y Cristo aún no ha venido por su Iglesia. Tal vez para algunos es dificil continuar creyendo en esta promesa o para otros sea motivo de desánimo y desesperación. Pero esta “tardanza” tiene su propósito.

Pedro nos dice que en lugar de una tardanza esta espera es una muestra de la misericordia de Dios. En 1 Timoteo 2:3-4 vemos claramente el deseo de Dios: “3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que TODOS los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” Específicamente en el verso 4 vemos que el deseo de Dios es que TODOS, si TODOS, los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, osea al conocimiento de Cristo y de la vida eterna. Es por esta razón que el Señor continúa esperando y dando un tiempo más a cada persona para que conozcan de Cristo.

El problema es que esta espera no será eterna. Llegará el momento en el que nuestro Señor deje de esperar y venga por nosotros. Sabemos que todo en este mundo tiene su hora, inclusive la venida de Cristo.

Este pasaje de 2 de Pedro, combinado con el de 1 de Timoteo lanza dos retos importantes para toda la humanidad, uno para el creyente y otro para el inconverso.

Para el inconverso lo reta, más bien lo invita, a buscar de Dios y cumplir el deseo de Dios, pero le advierte que el tiempo es limitado ya que el Señor va a venir un día por los que sean o seamos salvos.

Para el creyente, el reto es aún más grande porque nos pone de inmediato a evangelizar y a hablar de Cristo. ¿Cómo va el inconverso a conocer de Cristo si los creyentes nos callamos? Nuestro deber como Hijos de Dios es anunciar el evangelio por medio del cual somos salvos. Si un día tuvimos la oportunidad de conocer ese evangelio deberiamos estar tan agradecidos con Dios por ese regalo que nuestro deseo debería ser compartirlo con otros. Además, tenemos que entender que no está en nosotros decidir quien se salva y quien no, eso es decisión de cada persona, nuestro trabajo es plantar la semilla (evangelizar) mientras aún tengamos tiempo.

Quiero invitarte a que hoy tomes alguna de las dos decisiones: 1) entregale tu vida a Cristo, abrele tu corazón y pidele que sea tu salvador o 2) si ya eres salvo, comienza a evangelizar y te invito a que hoy le hables al menos a una persona de Cristo o entregues un tratado.

Que Dios te bendiga,





Creciendo Conforme al Corazón de Dios

17 04 2010

1 Samuel 2:18-21 (Reina-Valera 1960)

18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. 19 Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. 20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa. 21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

Samuel fue el último juez de Israel. Era hijo de Elcana y Ana. Lo especial de esta situación es que Ana era estéril y durante mucho tiempo clamo a Dios por un hijo; su clamor era tal que el sacerdote en algún momento pensó que ella estaba borracha. Ana le había prometido a Dios que si le daba un hijo ella lo entregaría al servicio a Él desde su niñez. Y así es como nace Samuel, más o menos a la edad de 4 años Samuel es traído al templo a vivir con el sacerdote Elí y para dedicar su vida a Dios.

Dice la Biblia que Samuel veía a sus padres únicamente una vez al año cuando estos subían a adorar a Dios. Es increíble la fortalece que Dios tenía que haberle dado a este niño. Trata de imaginar por un momento como te hubieras sentido si tus padres te hubieran ido a dejar a un templo a esa edad. Solamente los hubieses visto una vez al año y mientras los demás niños de tu edad jugaban y se divertían tu hubieses estado al lado del pastor aprendiendo y ayudándole a preparar todo en el templo.

Sin embargo, Samuel creció acostumbrado a esto y se adaptado.  Me llamo mucho la atención este pasaje porque dice que “el joven Samuel ministraba en presencia de Jehová”. Es importante resaltar esto porque ya Samuel había alcanzado una edad de juventud; esto quiere decir que estaba en plena adolescencia o estaba terminando su adolescencia). El ejemplo que Samuel había tenido de los hijos de Elí, Ofni y Finees, no era el mejor; ellos eran hombres depravados y entregados al pecado aun cuando estaban en posición de sacerdotes.

Muchas veces es muy fácil que los niños sigan a Dios, tal vez por miedo a sus padres, pero cuando llegan a la adolescencia es cuando comienzan a revelar lo que hay en su corazón y se apartan. Es también muy normal ver que los jóvenes le echen la culpa de su pecado a las malas influencias de otros cristianos, pero dice la Biblia que Samuel ministraba, ósea, servía en la presencia de Jehová.

Además, dice que Samuel “crecía delante de Jehová”. El Salmo 119:9 dice “¿Con que limpiara el joven su camino? Con guardar tu Palabra”. Samuel, se preocupaba por guardar la Palabra de Dios en su corazón y por obedecerla.

Yo crecí en un hogar cristiano, naci un domingo por la mañana y ya el miércoles en la noche mis padres me llevaron a la iglesia. De niño era muy metido en las cosas de Dios y ayudaba en todo. Pero fallé en guardar la Palabra de Dios en mi corazón. Para mí era suficiente solo ir a la iglesia. Más o menos a la edad de quince años deje de servir en la iglesia y decía que es porque estaba cansado y quería tomarme un respiro. Esto creo una reacción en cadena y a la edad de 21 años llegó el descalabro total a mi vida. Comencé a probar cosas que sabía que eran pecado, pero tenía curiosidad y así pasaron los años y cada día me hundía más. Durante todo este tiempo escuchaba la voz de Dios llamándome pero decidía ignorarla. Llegó el momento en el cual no pude escapar más y tuve que rendirme a ese llamado. Aún así, seguí fallando en cumplir lo que manda el Salmo 119:9 hasta que un día sentí la necesidad de leer la Biblia y hoy se ha convertido en hábito.

Pero no es solo un habito, estoy convencido que desde que cumplo esto en mi vida soy mejor amigo, mejor hijo, mejor hermano, mejor esposo y mejor creyente. No porque yo sea el mejor (estoy muy lejos de lograrlo) sino porque escucho lo que Dios dice y le permito guiar mi vida. Cuando digo que soy “mejor” es porque soy mejor de lo que hubiera sido en la condición en la que estaba.

Ahí tienes dos ejemplos, el de Samuel, un joven que creció guardando y aplicando los mandatos de Dios y el mío, crecí en la iglesia pero nunca busque una relación con Dios. ¿Cual de los dos crees que es el mejor para tu vida o para la vida de tus hermanos, familiares, amigos o hijos? Creo que la respuesta es sencilla y no requiere mucho análisis.

Que Dios te bendiga y que pases un excelente fin de semana.








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