2 Pedro 3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Estoy seguro que durante muchos años en tu vida has escuchado sobre la venida de Cristo y lo cercana que está. Sin embargo, vemos como los años pasan y Cristo aún no ha venido por su Iglesia. Tal vez para algunos es dificil continuar creyendo en esta promesa o para otros sea motivo de desánimo y desesperación. Pero esta “tardanza” tiene su propósito.
Pedro nos dice que en lugar de una tardanza esta espera es una muestra de la misericordia de Dios. En 1 Timoteo 2:3-4 vemos claramente el deseo de Dios: “3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que TODOS los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” Específicamente en el verso 4 vemos que el deseo de Dios es que TODOS, si TODOS, los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, osea al conocimiento de Cristo y de la vida eterna. Es por esta razón que el Señor continúa esperando y dando un tiempo más a cada persona para que conozcan de Cristo.
El problema es que esta espera no será eterna. Llegará el momento en el que nuestro Señor deje de esperar y venga por nosotros. Sabemos que todo en este mundo tiene su hora, inclusive la venida de Cristo.
Este pasaje de 2 de Pedro, combinado con el de 1 de Timoteo lanza dos retos importantes para toda la humanidad, uno para el creyente y otro para el inconverso.
Para el inconverso lo reta, más bien lo invita, a buscar de Dios y cumplir el deseo de Dios, pero le advierte que el tiempo es limitado ya que el Señor va a venir un día por los que sean o seamos salvos.
Para el creyente, el reto es aún más grande porque nos pone de inmediato a evangelizar y a hablar de Cristo. ¿Cómo va el inconverso a conocer de Cristo si los creyentes nos callamos? Nuestro deber como Hijos de Dios es anunciar el evangelio por medio del cual somos salvos. Si un día tuvimos la oportunidad de conocer ese evangelio deberiamos estar tan agradecidos con Dios por ese regalo que nuestro deseo debería ser compartirlo con otros. Además, tenemos que entender que no está en nosotros decidir quien se salva y quien no, eso es decisión de cada persona, nuestro trabajo es plantar la semilla (evangelizar) mientras aún tengamos tiempo.
Quiero invitarte a que hoy tomes alguna de las dos decisiones: 1) entregale tu vida a Cristo, abrele tu corazón y pidele que sea tu salvador o 2) si ya eres salvo, comienza a evangelizar y te invito a que hoy le hables al menos a una persona de Cristo o entregues un tratado.
Que Dios te bendiga,



















