Mateo 28:18-20 (Reina-Valera 1960)
18 Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
No hay tiempo más feo que cuando los papás se van a pasear y nos dejan solos en la casa. Si, yo se, seguramente estás pensando que cómo se me ocurre decir eso; pero imagínate que no puedas cocinar, lavar la ropa, limpiar tu casa y para peores, si no estás trabajando, ni siquiera tienes dinero para poder comprar comida express.
Algo parecido debieron haber pensado los discípulos en el pasaje de hoy. Tres años a la par del Maestro. DIOS mismo caminando con ellos, enseñándoles y cuidándoles y ahora se iba a ir y ellos iban a quedarse aquí. Pero Cristo les da las palabras más reafirmantes que jamás pudieran haber escuchado: “Yo estoy con vosotros todos los días.” Increíble, ¿cierto? Cristo estaría con ellos cada día de sus vidas, no de vez en cuando, no dependiendo del clima. Y lo mismo sucede con nosotros. Recuerda Gálatas 2:20.
Y no solamente nos dice que estará con nosotros siempre, sino que incluso nos afirma que EL tiene toda la autoridad. No parte, alguna, ¾, o .99%. Cristo tiene toda autoridad sobre el cielo y la tierra. Buenísimo, Cristo vive en mí y ÉL tiene toda autoridad. ¿Y qué debo hacer con eso? Ir y hacer discípulos. Esa es nuestra misión aquí en la tierra. Te lo pongo más fácil, Cristo quiere que seamos sus testigos aquí en el mundo, que le demos a conocer a todas las personas. Hechos 1:8.
Imagínate la confianza y seguridad que esas palabras les han de haber dado a los discípulos. Pero aún más, ellos llegaron a estar convencidos que es por medio de Cristo que la obra se lleva a cabo. Te lo pruebo.
Hechos 3:1-10. Pedro y Juan están caminando rumbo al templo de Jerusalén cuando ven a un cojo de nacimiento justo a la entrada del Templo. Nota que dice el pasaje que al cojo lo llevaban cada día al mismo lugar. ¿Cuánta gente pasaba por ahí y nadie pudo sanar al cojo? Pero Cristo si pudo sanarlo. Y digo Cristo porque fue a través de EL que Pedro lo sanó. En el nombre de Cristo el cojo de nacimiento fue sanado. Nadie más pudo arreglar la situación del cojo más que Cristo y Pedro fue el instrumento que utilizó para llevarlo a cabo.
¿A cuantos “cojos” espiritualmente has permitido que Cristo sane a través de ti? ¿Estás siendo un instrumento útil al Señor?
Solamente en Cristo hay salvación y nosotros somos sus testigos, sus enviados para llevar la cura contra el pecado y la muerte espiritual.
Hay un mundo allá afuera que se está perdiendo y si no me crees simplemente escucha las noticias. ¿Y qué estamos haciendo nosotros?
Pablo dice en 1Corintios 9:16 que le es impuesta la necesidad de predicar el evangelio, y cierra con una frase que muchas veces a nosotros nos parece imposible de sentir “¡ay de mi si no anunciaré el evangelio!”
Pedro le dijo al cojo que no tenía nada que ofrecerle más que Cristo y eso fue justo lo necesario.
No tienes porque tener miedo ya que en Cristo somos real sacerdocio y nación santa (1Pedro 1:9). DIOS nos está enviando a las naciones a llevar su mensaje de salvación.
No lo calles, predícalo. Predícalo con tu vida, sé testigo de lo que Cristo puede hacer en la vida de una persona, que otros puedan ver a Cristo en ti como una carta abierta.
Muchos vieron al cojo y no pudieron hacer nada; solamente Cristo pudo sanarlo.
¿A quien sanará Cristo a través de ti?
Cristo tiene toda la potestad sobre el cielo y la tierra y ha prometido estar con nosotros siempre. Te toca a ti ir y hacer discípulos a todas las naciones en SU Poder.
“1Co 9:16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”
No hay tiempo más feo que cuando los papás se van a pasear y nos dejan solos en la casa. Si, yo se, seguramente estás pensando que cómo se me ocurre decir eso; pero imagínate que no puedas cocinar, lavar la ropa, limpiar tu casa y para peores, si no estás trabajando, ni siquiera tienes dinero para poder comprar comida express.
Algo parecido debieron haber pensado los discípulos en el pasaje de hoy. Tres años a la par del Maestro. DIOS mismo caminando con ellos, enseñándoles y cuidándoles y ahora se iba a ir y ellos iban a quedarse aquí. Pero Cristo les da las palabras más reafirmantes que jamás pudieran haber escuchado: “Yo estoy con vosotros todos los días.” Increíble, ¿cierto? Cristo estaría con ellos cada día de sus vidas, no de vez en cuando, no dependiendo del clima. Y lo mismo sucede con nosotros. Recuerda Gálatas 2:20.
Y no solamente nos dice que estará con nosotros siempre, sino que incluso nos afirma que EL tiene toda la autoridad. No parte, alguna, ¾, o .99%. Cristo tiene toda autoridad sobre el cielo y la tierra. Buenísimo, Cristo vive en mí y ÉL tiene toda autoridad. ¿Y qué debo hacer con eso? Ir y hacer discípulos. Esa es nuestra misión aquí en la tierra. Te lo pongo más fácil, Cristo quiere que seamos sus testigos aquí en el mundo, que le demos a conocer a todas las personas. Hechos 1:8.
Imagínate la confianza y seguridad que esas palabras les han de haber dado a los discípulos. Pero aún más, ellos llegaron a estar convencidos que es por medio de Cristo que la obra se lleva a cabo. Te lo pruebo.
Hechos 3:1-10. Pedro y Juan están caminando rumbo al templo de Jerusalén cuando ven a un cojo de nacimiento justo a la entrada del Templo. Nota que dice el pasaje que al cojo lo llevaban cada día al mismo lugar. ¿Cuánta gente pasaba por ahí y nadie pudo sanar al cojo? Pero Cristo si pudo sanarlo. Y digo Cristo porque fue a través de EL que Pedro lo sanó. En el nombre de Cristo el cojo de nacimiento fue sanado. Nadie más pudo arreglar la situación del cojo más que Cristo y Pedro fue el instrumento que utilizó para llevarlo a cabo.
¿A cuantos “cojos” espiritualmente has permitido que Cristo sane a través de ti? ¿Estás siendo un instrumento útil al Señor?
Solamente en Cristo hay salvación y nosotros somos sus testigos, sus enviados para llevar la cura contra el pecado y la muerte espiritual.
Hay un mundo allá afuera que se está perdiendo y si no me crees simplemente escucha las noticias. ¿Y qué estamos haciendo nosotros?
Pablo dice en 1Corintios 9:16 que le es impuesta la necesidad de predicar el evangelio, y cierra con una frase que muchas veces a nosotros nos parece imposible de sentir “¡ay de mi si no anunciaré el evangelio!”
Pedro le dijo al cojo que no tenía nada que ofrecerle más que Cristo y eso fue justo lo necesario.
No tienes porque tener miedo ya que en Cristo somos real sacerdocio y nación santa (1Pedro 1:9). DIOS nos está enviando a las naciones a llevar su mensaje de salvación.
No lo calles, predícalo. Predícalo con tu vida, sé testigo de lo que Cristo puede hacer en la vida de una persona, que otros puedan ver a Cristo en ti como una carta abierta.
Muchos vieron al cojo y no pudieron hacer nada; solamente Cristo pudo sanarlo.
¿A quien sanará Cristo a través de ti?
Cristo tiene toda la potestad sobre el cielo y la tierra y ha prometido estar con nosotros siempre. Te toca a ti ir y hacer discípulos a todas las naciones en SU Poder.
“1Co 9:16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”