Números 21:6-9 (Reina-Valera 1960)
6 Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. 78 Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. 9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.
El pueblo de Israel continuaba su peregrinar por el desierto. Aun cuando Dios entregaba a los pueblos que habitaban la tierra en sus manos, ellos continuaban buscando excusas para quejarse contra Dios y revelarse. En esta ocasión, se revelan porque Dios los alimentaba con Mana y ellos deseaban tener lo que comían en Egipto.
En los libros de Éxodo a Números es constante ver las quejas del pueblo, la respuesta de Dios, luego más quejas y así sucesivamente. Pero llega el momento en el que Dios también comienza a castigar al pueblo porque blasfemaban contra Él. En esta ocasión no fue la excepción. Luego de las murmuraciones del pueblo, Dios envía serpientes venenosas que los ataquen y muchos mueren a causa de esto. Antes las suplicas del pueblo, Dios le indica a Moisés que levante una serpiente de bronce en un asta y que todo aquel que mire la serpiente no morirá.
Me gusta mucho este pasaje porque cada vez que lo leo pienso en la figura de Jesucristo y su obra en la cruz. La serpiente es símbolo de Satanás y del pecado. El pueblo de Israel pecó y Dios mando un castigo que se arrastraba en medio de ellos y los hería de muerte. A raíz de nuestro pecado, estamos a expensas de Satanás y somos constantemente mordidos por la serpiente. Pero hay una salida a esta muerte en la que vivimos y es levantar nuestros ojos y mirar a la cruz vacía donde Jesús pagó el precio por nosotros.
Para que los israelitas pudieran salvarse y no morir debían mirar la serpiente colgando de un asta. Jesús cuando murió en la cruz, llevo todo nuestro pecado sobre sus hombros y si decidimos mirar eso y reconocer que somos pecadores, Él nos perdona y nos da la salvación.
Lamentablemente hay muchos que van rumbo a la perdición y se continúan arrastrando en su pecado, pero la gran pregunta es ¿Qué estás haciendo tu para que otros llegan al conocimiento de la verdad? ¿Murmuras contra Dios, juegas con el pecado para complacer a tus amigos o compañeros de trabajo o les hablas a otros de Jesucristo y pones a Dios como el primer lugar de tu vida?
Cuando sientas que estas siendo atacado por la serpiente del pecado, recuerda hacer un alto en el camino y mirar a la cruz que está vacía. Recuerda que ese sacrificio puede significar tu entrada al cielo. Lo único que tienes que hacer es aceptarlo.
Que Dios te bendiga,